Todo pintor suele empezar por plasmar lo que le rodea. En mi caso, al rededor del 2012 vivía en Viena. La inspiración de su historia, arquitectura y diversidad me ayudaron a comenzar con un proyecto: «la creación artística». Ese fue mi humilde comienzo, reflejar de una forma sencilla aquello que tenía ante mí.
Estos cuadros recogen la personalidad de la ciudad. Pueden verse ventanas que se asoman a pequeñas historias que cuentan innumerables anécdotas y momentos. Predomina el colorido de cielos y edificios, muestra de la vida y la riqueza cultural que tiene el corazón de Europa.
Atreverme con la pintura, fue la mejor de mis idea. Una noria que empezó a girar entonces y de la que ya es imposible bajarse.